Con este artículo cerramos la serie que iniciamos en marzo de este año para conmemorar el centenario de la fundación de la Internacional Comunista. Fue escrito por Ted Grant en junio de 1943, poco después de la disolución de la Tercera Internacional por Stalin, sin consultar a los partidos comunistas adherentes y sin su aprobación formal en un congreso de la Internacional “como muestra de buena voluntad” hacia las potencias occidentales vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. En este artículo, Ted Grant, entonces dirigente del trotskista Partido Comunista Revolucionario de Gran Bretaña y fundador décadas más tarde de la Corriente Marxista Internacional, traza una síntesis del surgimiento de la IC y, sobre todo, de las causas que condujeron a su degeneración burocrática y contrarrevolucionaria, y a su disolución final.

Se cumplen 30 años de la caída del Muro de Berlín y del inicio de los acontecimientos que condujeron a la desaparición, en los meses y años subsiguientes, de los regímenes estalinistas en la Europa del Este y la ex-Unión Soviética. La burguesía está utilizando esta efemérides para tratar de desacreditar una vez más el socialismo y el marxismo, y oculta que lo que cayó en realidad fue una caricatura burocrática y totalitaria que nada tuvo que ver con el socialismo y el comunismo genuinos. Lo que es inocultable, treinta años después, es la podredumbre del capitalismo a escala planetaria y cómo las masas trabajadoras en todo el mundo vuelven a buscar en el socialismo y el marxismo la manera de transformar la realidad que les rodea. Para conmemorar este evento, reproducimos un artículo de Alan Woods escrito hace 10 años, al cumplirse 20 años de la caída del Muro de Berlín, que mantiene toda su actualidad. 

Entrevista con Ted Grant, dirigente del Partido Comunista Revolucionario (PCR) que fue la sección británica de la Cuarta Internacional en los años 40 del siglo pasado. Posteriormente, fue el fundador de la tendencia Militant que se convirtió en la principal organización trotskista internacional durante  los años 70 y 80.

“La lucha está en la calle y no en el parlamento”. Todos hemos escuchado esta consigna en más de una manifestación. Sin duda, contiene una poderosa verdad: en última instancia, las cuestiones fundamentales de la lucha de clases se deciden por la acción directa de las masas. Pero si de lo que hablamos es de cómo el elemento consciente de estas masas, su vanguardia organizada, debe hacer para conducirlas a la toma del poder, esta frase resulta insuficiente.

Salvador Allende dijo una vez: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. No se trata de una cita solemne y hueca, sino un hecho empírico constatable en la historia. Desde el siglo XIX a la actualidad, pasando por el mayo del 68 francés, las capas más jóvenes de la clase obrera han desempeñado y continúan desempeñando un extraordinario papel revolucionario en la lucha de clases. La Revolución rusa no fue una excepción a esta regla. La III Internacional, consecuentemente con su objetivo de extender el socialismo a nivel mundial, fraguó el entusiasmo revolucionario de la juventud obrera europea creando la Internacional de las Juventudes Comunistas. Asimismo elaboró dos resoluciones sobre las Juventudes Comunistas, en su III y IV Congreso, cuyos extractos publicamos.

Después de la Segunda Guerra Mundial la dirección de la entonces “Cuarta Internacional” quedó totalmente desorientada. No podía comprender lo que estaba ocurriendo y esto marcó el principio del fin de la organización.

La cuestión del frente único entre organizaciones obreras para determinados fines prácticos siempre ha jugado un papel central en la táctica de los marxistas para alcanzar con sus ideas a capas cada vez más amplias de la clase trabajadora. La Internacional Comunista dedicó mucho tiempo y esfuerzo, en su etapa leninista, a trazar la política correcta en este tema. Justamente, la correcta comprensión y aplicación del frente único obrero es el aspecto que mejor distingue a una organización marxista de las sectas ultraizquierdistas que permanecen en los márgenes del movimiento obrero.