La economía mundial se encuentra en un estado de caos y colapso, las cadenas de suministros se quiebran al enfrentarse a un aumento de la demanda con una producción limitada y el aumento del proteccionismo. El capitalismo está en crisis. El mercado no funciona. Necesitamos una revolución.

El pasado sábado 9 de octubre, una turba de fascistas asaltó la sede nacional de la CGIL, el sindicato mayoritario de la clase obrera italiana, en el marco de una manifestación contra el certificado sanitario que planea imponer el gobierno Draghi. Publicamos a continuación la declaración de los camaradas de Sinistra Classe Rivoluzione, sección italiana de la CMI.

Con los surtidores de gasolina en Gran Bretaña agotándose y los atascos en las carreteras, los conservadores (Tories) están pasando de una crisis a otra. La anarquía del mercado está provocando un caos en la vida de los trabajadores. Se están preparando todos los ingredientes para una explosión social.

Una filtración de hasta 2,94 terabits de archivos ha levantado parcialmente el telón de los acuerdos y activos offshore de cientos de multimillonarios, líderes mundiales y funcionarios públicos. Esta filtración ha puesto de manifiesto el tremendo parasitismo de la clase dominante, con un total de entre 5,6 billones de dólares y 32 billones de dólares en riqueza en el extranjero.

Desde el 16 de septiembre, más de 2.500 trabajadores de la empresa de electrodomésticos Universal han estado participando en una heroica huelga en la zona industrial de la ciudad 6 de octubre, cerca de El Cairo. Te invitamos a leer este llamamiento y a compartir nuestra carta de solidaridad que publicamos aquí.

El miércoles 6 de octubre Guido Bellido renunció a la Presidencia del Consejo de Ministros y el presidente Pedro Castillo anunció un nuevo gabinete ministerial que representa un claro giro a la derecha. Salen los que la prensa burguesa acusó de “radicales” y “senderistas", entran los empresarios, los “moderados", los de la izquierda caviar, comprometidos con la estabilidad del régimen.

Los resultados de las vigésimas elecciones federales alemanas, celebradas el 26 de septiembre, muestran un proceso continuo de polarización en Alemania. La opinión pública nunca ha sido tan volátil, los votantes nunca han estado tan indecisos y el parlamento nunca ha estado tan fragmentado. El sistema político democrático-burgués de Alemania está en crisis, pero en estas elecciones no se ha encontrado ninguna alternativa de clase.