El 15 de mayo se produjo un tsunami de manifestantes contra los recortes en la educación y las contrarreformas de las pensiones en Brasil. Más de 1,5 millones salieron a las calles en más de 200 ciudades de todo el país durante la huelga nacional de la educación contra las últimas medidas del gobierno de Bolsonaro, que incluyen un recorte del 30 por ciento a los presupuestos universitarios. A pesar de su bravuconería, el gobierno es débil y está dividido. La consigna de "Fora Bolsonaro" (Fuera Bolsonaro) resonó ampliamente. Ciertamente, Brasil no está en las garras del fascismo. Lejos de eso. Ahora es el momento de preparar una huelga general para derribar a este gobierno.

Desde la llegada al poder de Donald Trump en EEUU, la posición de Washington hacia la revolución cubana ha sido cada vez más beligerante en un cambio radical de política respecto a la seguida por el presidente Obama. Aunque los objetivos finales de ambos son los mismos, el derrocamiento de la revolución cubana, Obama reconoció que la política de agresión directa había fracasado y decidió intentar conseguir lo mismo por la vía de las relaciones económicas. Es decir, restaurar el capitalismo por la vía de la penetración del mercado. Trump parece estar decidido a volver a una política de agresión abierta y ha tomado una serie de medidas concretas al respecto.

En la última semana de marzo, la crisis capitalista mundial se expresó en la caída, en dos jornadas consecutivas, de las bolsas más importantes del mundo; en el derrumbe diario de las monedas de los países llamados emergentes, en el agudizamiento de la guerra comercial entre China y EEUU que, aunque se encuentra en sus primeros temblores anticipa un verdadero terremoto de la economía mundial; en síntesis, nos encontramos ante una recesión de la que aún no hemos visto su verdadera magnitud.

Desde tempranas horas de las mañana, Juan Guaidó, acompañado de Leopoldo López y un grupo superior a una veintena de militares, anunciaron la ejecución de la llamada «operación libertad», llamando a las guarniciones catrenses en todo el país a sublevarse, y a las bases de la oposición reaccionaria para que se movilizaran en respaldo a tales acciones a nivel nacional, especialmente en Caracas.

Poco antes del amanecer del 30 de abril, la oposición venezolana lanzó otro intento de golpe militar. Al final del día, el fallido intento de golpe de estado parecía haber fracasado, con uno de sus líderes buscando refugio en la embajada española, 25 de los soldados implicados solicitando asilo en la embajada brasileña y Juan Guaidó escondido o huyendo.

El golpe en Venezuela parece estancado, la oposición pierde su empuje y las divisiones internas resurgen. El imperialismo no ha logrado por ahora su objetivo de colocar a Guaidó en el poder, pero eso no impide que multiplique las sanciones y siga promoviendo más bloqueos. Mientras todo esto pasa, el gobierno venezolano comienza una tímida ofensiva, como tanteando cada paso, esperando la reacción del imperialismo. Y en medio de todo este caos, un pueblo que, sin servicio eléctrico, sin agua y en medio de una feroz crisis económica, se niega a rendirse.