Como un zombi que regresa de entre los muertos, Nigel Farage está de vuelta para acosar al establishment británico. A las pocas semanas de su formación, su nuevo Partido del Brexit encabeza los sondeos de opinión para las elecciones europeas del 23 de mayo, sobre todo a costa del apoyo a los Conservadores.

El pasado 2 de mayo hubo elecciones locales en Gran Bretaña, en las que se disputaron casi 9.000 concejalías en más de 250 ayuntamientos, y que revelaron un estado de rabia, apatía y desilusión. Los conservadores están claramente en crisis. La impía alianza de los medios de comunicación y los blairistas [el ala derecha del laborismo, partidarios del exprimer ministro laborista, Tony Blair] han aprovechado la oportunidad para promover su campaña para sabotear las posibilidades de que los laboristas lleguen al poder. Corbyn, el dirigente de izquierda del laborismo, ha tratado de alejar el asunto del Brexit en estas elecciones y dirigirse hacia los problemas de clase. Esta es la mejor manera de avanzar.

La desastrosa presidencia de Petro Poroshenko lo ha llevado a perder las elecciones presidenciales frente al comediante Volodimir Zelenski obteniendo éste un 73% frente a un 24 por ciento de Poroshenko. El margen de victoria por casi 50 puntos fue la segunda ronda más desigual en la historia de Ucrania. La única provincia ucraniana donde ganó Poroshenko fue el bastión nacionalista de Lviv.

El movimiento de los chalecos amarillos infunde miedo a sus oponentes, lo que provoca la agresión en su contra. Además de la represión violenta (2.000 personas han sido heridas, 18 cegadas y cinco han sufrido desgarros en sus manos), el gobierno ha respondido con una intensidad sin precedentes en forma de represión judicial.

La primera ministra ha ganado algo de tiempo con otra prórroga del plazo de Brexit. Pero los trabajadores y los jóvenes no pueden permitirse el lujo de seguir sufriendo este caos ¡Necesitamos ya unas elecciones generales y un gobierno laborista socialista! Según los partidarios del Brexit, se suponía que Gran Bretaña debía de estar cabalgando sobre las olas de la soberanía y la independencia, habiéndose liberado del Leviatán de la Unión Europea. En cambio, Theresa May y su gobierno se encuentran sin rumbo, a la deriva y sin esperanza de solución en el horizonte.