En los últimos dos meses, el régimen del Partido Comunista Chino (PCCh) ha tomado medidas drásticas que han conmocionado a la sociedad y han desatado una amplia especulación. El Estado ha disciplinado a una serie de grandes empresas privadas, al tiempo que ha instituido una amplia regulación de la industria del entretenimiento.

El 28 de agosto se celebró un gran acto de protesta de más de mil trabajadores de las zonas industriales de Korangi y Landhi de Karachi bajo la bandera del Comité de Solidaridad de los Trabajadores. Las principales demandas fueron la implantación del salario mínimo a 25.000 rupias, según lo anunciado por el gobierno de Sindh, la eliminación de la subcontratación y el cumplimiento de las leyes de seguridad industrial.

Las fuerzas talibanes se están apoderando de franjas de territorio en una ofensiva por todo el país, mientras las tropas estadounidenses se retiran de Afganistán. Se ha predicho que el régimen títere de Kabul, instalado por el imperialismo estadounidense y sus aliados, podría caer en un mes.

Con la caótica retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán desde principios de este mes, miles de afganos buscan ahora huir del país. Enfrentados a una crisis humanitaria sin precedentes de su propia creación, los políticos en los EE. UU. y Europa están derramando lágrimas de cocodrilo por las dificultades a las que se enfrentan los refugiados, mientras que, sin embargo, los abandonan a su sufrimiento.

Afganistán se precipita hacia una nueva guerra civil tras la retirada de las fuerzas estadounidenses y aliadas tras dos décadas de sangrienta ocupación. La retirada de las tropas imperialistas, anunciada por Joe Biden, está prevista para el 31 de agosto de este año, aunque la mayoría de las fuerzas estadounidenses ya se han marchado o están en proceso de abandonar apresuradamente el país mientras los talibanes avanzan en muchas zonas.

La guerra más larga en la historia de Estados Unidos ha terminado en una abyecta vergüenza y humillación para el imperialismo estadounidense. Veinte años después de la invasión de Afganistán, la fuerza militar más poderosa que el mundo haya conocido ha sido derrotada por completo a manos de una banda de primitivos fanáticos religiosos.

Hay una revolución en marcha en Myanmar. Las masas están mostrando un inmenso coraje frente a la brutal violencia de la junta militar. Los trabajadores y los jóvenes están dispuestos a defenderse y aliarse con las organizaciones de los grupos étnicos oprimidos. ¡Se debe organizar un levantamiento obrero armado y una huelga general indefinida para derrocar a la junta asesina!